viernes, 25 de marzo de 2011

Matando memorias... (Parte l)

Gritando me dijiste

Los cuentos de hadas son solo mentiras

Nunca podría ser tu príncipe encantado

Puede ser que no entiendas

Pero desde que me dijiste que me amabas

En mis cielos, las estrellas empezaron a brillar.



Estoy dispuesto a cambiar en

El ángel que amas en los cuentos de hadas

Abriré los brazos de par en par

Y te sostendré en mis alas para protegerte

Debes creer

Creer que seremos como en un cuento de hadas

Y viviremos felices por siempre…

Guang Liang -Tong Hua Cuento de Hadas




Se hallaba acariciando el suelo con sus rodillas implorando por su vida, con alaridos estremecedores y un llanto incesante, sabía que era cuestión de segundos o talvez menos que todo llegara a su fin.
Al mismo tiempo sabía que nadie la oía, no había estrellas en el cielo y eso dificultaría que alguien presencie el crimen que estaba a punto de ocurrir.

La luna que todo lo ve en la oscuridad infinita sería la única testigo, pero esto de que le valía, pensó. ¡Ah sí! También se encontraba él, que la miraba fijamente como si estuviera fotografiándola, con sus ojos enormes y brillantes de los que una vez se hubo enamorado, ahora solo le causaban un miedo que nunca antes había sentido. Ella no sentía pavor a la muerte que se hallaba a unos cuantos pasos suyos, sino a morir a manos de un ser al cuál había amado por tanto tiempo y que por motivos imposibles de revertir los habían terminado alejando, aún sabiendo lo mucho que se amaban. Quién hubiese imaginado que este amor cesaría de esta forma, ella jamás lo hizo.

Aún recordaba detalladamente cada momento juntos, la vez que lo conoció, su forma tan poco común de cortejarla, su primera cita, los detalles que terminaron enamorándola por completo, su primer beso que no llegó mucho después, las salidas interminables por todos los rincones habidos y por haber. Siempre se reían, a diario había una buena excusa para regalarse su mejor sonrisa y si no la inventaban. Él hacía su mejor esfuerzo y con el solo hecho de verla feliz él también lo era, y ella lo sabía muy bien. Se repitieron un millón de veces lo mucho que se amaban y que lo suyo sería interminable, que si existía una vida mas allá de la muerte el sentimiento que los unía no variaría en lo mas mínimo. Muy poco pelearon y si lo hicieron duraba poco el distanciamiento, puesto que uno terminaba cediendo y pidiendo las disculpas del caso, reconociendo haber fallado o muchas veces inculpándose de algo que sabía muy bien que no cometió. En su mayoría fue él quien terminaba doblegándose, ya que la amaba como a nadie y no soportaba el hecho de verla distante o en el peor de los casos sufriendo.

Sus amigos le decían que ella no le convenía, que eran de mundos distintos y le pronosticaban que más temprano que tarde todo terminaría. Que al padre de ella no le gustaba para nada esa relación y que pensaba mandarla a estudiar al extranjero para separarlos. Ella no aceptaría, pero él no dejaría que haga eso. El amor lo tenía un poco ciego, pero no tanto como para no poder ver que él no era el mejor partido para una chica como la que tenía como enamorada. Era cierto sus mundos eran un poco distintos, una familia acomodada, un futuro brillante, la belleza necesaria para relacionarse con las personas que ella desee y más. Nada comparado con la realidad de él, un chico de clase media, un futuro incierto, y ser sociable no era algo que predicase. Cuando ella le comunicó lo dicho por su padre, él ya estaba preparado, sabía que una noticia así en cualquier momento llegaría y que ese sería el momento para olvidarse de todo, sabiendo muy bien que no lo lograría. Le preguntó que había decidido ella, a esto le respondió que él era lo único que realmente le importaba, que podía estudiar en cualquier universidad del país con tal que la distancia no sea un factor que afecte su relación. Él lamentó lo que oía, hubiese sido mejor que ella hubiese decidido terminar con todo. Ahora sería él quién tendría que hacerlo. No podía ser egoísta, pensó, si realmente la amaba debería querer lo mejor para ella. Y sabía muy bien que en ese momento él no lo era, talvez más adelante pero por ahora no. Ella se acercó para abrazarlo, pero él empezó a caminar como alejándose, sintió ganas de darle una respuesta a lo que ella le había dicho, pero sintió que las palabras no salían o, si lo hacían no emitían sonido alguno. La miró por última vez para luego darle la espalda, y cuando pudo recuperar su voz solo le dijo que si ella no lo hacía él sí. Que lo mejor era darse un tiempo, que evaluará mejor la propuesta que su padre le planteaba, que si a él le llegará un ofrecimiento parecido sin duda alguna la tomaría, que aprovechara la oportunidad que tenía, que allá conocería a otras personas y terminaría por olvidarlo fácilmente. Todo lo que decía le dolía increíblemente en el alma, cada letra raspaba su garganta como intentando que pare ya de hablar, pero sabía que debía continuar a pesar del martirio que esto le significaba. Unas cuantas cosas más y ella empezó a llorar, él la oyó y tuvo unas ganas enormes de voltear a consolarla y decirle que todo lo que había dicho había sido mentira, que lo que más deseaba en su vida era que no se vaya y que siguieran juntos por la eternidad, pero sabía que si lo hacía todo lo dicho anteriormente sería en vano. Fue por eso que se aguanto, nunca antes había escuchado su llanto y jamás lo vería porque se hallaba dándole la espalda, pero el solo hecho de oírla era suficiente para preferir morir a estar sintiendo lo que yacía en su corazón en ese momento. Pasaron un par de minutos y él seguía estático, el llanto de ella no hallaba consuelo alguno pero poco a poco empezó a cesar. De pronto sintió un portón cerrarse con fuerza, muestra que ella ya se había marchado. Sintió ganas de correr a buscarla, abrazarla, de siquiera darle un último beso, pero se contuvo consolándose que había hecho lo mejor. Pero esto no fue suficiente para contraer las lágrimas que brotaron segundos después, sabía que ahora sí nada lo consolaría, al igual que nada consoló el llanto de su amada que acababa de marcharse.

Luego de eso no hubo más visitas, no más mensajes de texto y mucho menos llamadas, la conexión entre ellos se perdió por casi un mes. Al cabo de este recibió un mensaje proveniente de ella. En el decía que él tenía razón, que lo había pensado mejor, y que iría a estudiar a Rusia tal como su padre le había propuesto, y que su viaje sería en una semana. La noticia le cayó como un baldazo de agua fría, si bien es cierto él había originado todo eso, mas no esperó que el viaje fuera tan pronto. Se alistó y decidió ir a casa de ella, para verla un momento y conversar, sabía que eran las últimas horas y que debía aprovecharlas al máximo. Cuando llegó a su casa, la madre de ella le abrió la puerta, cuándo le pregunto el paradero de su hija le respondió que había iniciado un viaje de relajación como preparándose a lo que se avecinaba, estudios fuertes. Le dijo que cuando llegaría y le contestó que un día antes que se fuera a Rusia. Se despidió y se marchó, sin rumbo. No sabía a donde ir, sabía que a donde fuera su pensamiento seguiría en ella, es por eso que optó por volver a su casa. La espera empezó a carcomerlo, las noches fueron de un insomnio profanador, el sol no radiaría de igual forma a lo que estaba acostumbrado, y el día seguiría teniendo 24 horas pero las sentiría como el triple o más. Pensó que le diría, ¿Sería bueno decirle que la amaba? Quizás sería mejor que no vaya a despedirla. Si eso es, así será más fácil para ambos, sentenció a si mismo.

Cuando llegó ella de viaje su madre le informó de la visita de Pablo, Camila no se sorprendió del todo, sabía que él la buscaría para tener su última charla. Le mando un mensaje a su celular informándole que ya había retornado de su viaje. Esperó hasta minutos antes de dormir una respuesta, pero esta no llegó. Cuando despertó reviso su celular para ver si había algún mensaje de texto recibido o alguna llamada perdida por parte de él, pero nada. Al día siguiente debía estar a las 5:00 am. en el aeropuerto. Deliberó quedarse en casa toda la tarde por si venía a buscarla, pero las horas iban pasando y él no llegaba. Fue entonces que la noche sí llegó y ella decidió ir a la casa de Pablo. El reloj indicaba que eran las 11 y 35, cuando sus padres la vieron que se disponía a salir, le preguntaron que a dónde iba a esas horas y que ya dentro de un momento debían estar yendo rumbo al aeropuerto, a esto ella respondió que antes de marcharse debía despedirse de alguien. Su padre estaba a punto de ordenarle que se quedara, cuando su madre le dijo que no se demorase mucho.

La distancia no era mucha, él vivía a unas pocas calles de la suya. Pensó que le diría, pero sobretodo el por qué no fue a despedirla.
La noche estaba más opaca que de costumbre, las calles se hallaban vacías, muy pocos autos circulaban a esas horas. Cuando llego a casa de Pablo, tocó la puerta muchas veces, pero nadie salió a abrir. Las luces del interior lucían apagadas. Siguió golpeando la puerta cada vez más fuerte por espacio de 10 minutos, pero esta siguió sin abrirse. Fue entonces que decidió volver a casa, no sin antes pasar por el parque que se hallaba a pocas cuadras de allí, que había sido su lugar favorito por tanto tiempo.

Se consolaba diciéndose “Talvez se halla enterado la hora de mi vuelo y se acerque al aeropuerto a despedirse”. Sabía que habían pocas probabilidades que esto sea cierto, pero así haya sido una remota posibilidad todo era bueno para conservar la esperanza de poder verlo por última vez.

Era un parque pequeño, que albergaba pocos árboles y bancas, muchas veces habían tenido que esperar que se desocupara alguna de estas para poder sentarse y dialogar un rato. Se hallaba algo escondido, para personas que no eran de los vecindarios adyacentes les era muy complicado localizar este lugar. Eso les agradaba porque si bien en las tardes el parque se hallaba repleto de niños que jugaban y parejas amándose, por las noches sobretodo a horas como las que eran, era un lugar solitario que parecía haber sido creado exclusivamente para los dos. Llegó luego de un par de minutos y grande fue su sorpresa cuando lo divisó sentado en la banca favorita de ambos, la más alejada, la que parecía ser excluida de las demás bancas, ellos la llamaban cariñosamente “La banca castigada”. La mirada de Pablo lucía perdida en la nada, parecía hipnotizada por un ser invisible que se postraba en frente suyo. Ella se acercó como para que se diese cuenta de su presencia. Se paró en frente suyo, y él sólo levanto su mirada y la clavo en los ojos de Camila. No era la habitual, de su mirada risueña y contagiante no quedaba rastro alguno. Esperó que dijera algo, pero Pablo se hallaba en un estado que se asemejaba más a un zombie que a un ser humano. Fue entonces que decidió hacer el ademán que se retiraba para así observar su reacción, pero todo siguió igual. Imperaba el silencio y sabía que el tiempo seguía su rumbo, que cada vez quedaban menos minutos para charlar. Recibió la llamada de su padre y le decía que vuelva a casa para poder prepararse para el viaje. Ella le respondió que en 15 minutos volvería y colgó. Lamento que en el lapso de la llamada, Pablo siga en el mismo estado, parecía que nada lo haría entrar en razón. Adolorida y decepcionada decidió marcharse, esta vez si de verdad. Ni bien había dado un par de pasos la voz de Pablo se oyó. No se había movido de su sitio, seguía en su estado de antes solo que ahora emitía sonido.

-Aunque parezca corto el tiempo que hemos pasado juntos, me ha sido suficiente para poder conocerte a plenitud. Sé cuando mientes, y cuando dices una verdad a medias, cuando ríes a júbilos y cuando lo haces por compromiso, cuando realizas algo por agrado y cuando lo haces por presión. También sé notar cuando me escuchas y cuando sólo me oyes, cuando me hablas con el corazón y cuando lo haces por no permanecer callada, cuando me observas a los ojos cuando los miras y cuando sólo los ves, cuando me besas por necesidad y cuando por impulso. Sé cuando callas porque te agrada el silencio o cuando lo haces por no saber que decir. Sé diferenciar tus perdones y disculpas, los “Te extraño” y los “Te necesito”, tus “Te quiero” y los “Te amo”. Conozco muy bien cada uno de tus gestos, cuando estás enojada y cuando finges estarlo, cuando estas sumamente alegre y cuando lo simulas, cuando estas triste y sin embargo tu rostro dibuja una sonrisa para no hacerlo notar. De la misma manera sé cuando necesitas una caricia, un abrazo, un beso, un te quiero, un te amo y cuando necesitas estar sola. He aprendido a querer cada uno de tus defectos y amar tus virtudes.
Sé lo mal que debes sentirte al creer que ya no te amo y que me importa un carajo que será de nosotros, que ni si quiera tengo el valor de despedirme, que ni puedo ni podré luchar por ti, que soy un cobarde, el peor de todos. Pero te podría decir que eso no es verdad, que te sigo amando, y que un amor que creí que había llegado a la cima, hoy toca las estrellas. Que me duele tanto dejarte ir y que creas que no me importa, que…

En ese momento ella se desmoronó levemente, cayó arrodillada frente a él y sus ojos buscaron los suyos, como una necesidad mortal.

Pablo no mostró expresión alguna, y prosiguió con su monólogo.

… tengo que fingir que soy de hierro y nada me toca. Te confesaré que el tener que haberte oído llorar se ha vuelto una de mis más constantes pesadillas, que estos días que han pasado la espera ha sido inmensa, que sabía muy bien que me buscarías para despedirte y que al no encontrarme en casa pasarías por aquí.
Este lugar que fue testigo de tantos besos nuestros, de tantos abrazos apasionados y tantas frases de amor, lucirá tan vacío por las noches luego que abordes tu avión. Aquel árbol en el que no se hallaban nuestros nombres pero sabíamos que se los conocía de memoria, no nos perdonará jamás, al igual que no podré perdonarme el tener que dejarte ir.
Esperaba no dedicarte palabras de despedida, permanecer quieto y mudo como nuestro árbol, pero no pude. Todo lo que acabo de decirte no es con la intención de retenerte, sino es lo último que mi corazón quería decirte y creía imprescindible que lo supieras.

La mirada de Pablo se mostraba fría, ver a su amada ahogada en llanto y puesta a sus pies no mostraba cambio alguno en el estado de él. Sin embargo, Camila no entendía como detrás de tantas cosas bonitas que le decía, su apariencia reflejaba otra cosa, ¿no sería capaz de regalarle si quiera alguna lágrima?

Fue entonces que Pablo se acercó y la abrazó, fue un abrazo muy distinto a todos aquellos que alguna vez se habían dado, las fuerzas de este eran tantas que hasta le hicieron perder la respiración por unos segundos a ella.

El abrazo aún no se había consumado cuando sintió una voz en su oído que le decía: “Lo siento tanto, se que jamás lograré cesar de echarte de menos y es por eso que he decidido tener que mata…”.

Camila retrocedió impulsada por un terror devastador, el timbre de voz de Pablo, lo que acababa de pronunciar, buscó sus ojos para ver si lo que había dicho era cierto y su mirada le respondió afirmativamente. Al igual que Pablo, ella también lo conocía muy bien y sabía cuando mentía y cuando no. De pronto se percató que sus manos se hallaban escondiendo algo ¿era cierto que tenía pensado asesinarla?, jamás lo habría imaginado. Pensó a donde podía huir, pero no halló lugar alguno, su suerte estaba echada. Al fin y al cabo ella también lo amaba y sabía que su vida alejada de él carecería de sentido. ¿Pero ser asesinada por su gran amor?, eso sólo se veía en las novelas y una que otra película.

Pablo se disponía a terminar la frase que había dejado a medias cuando Camila empezó a decir:

-Tu has sido la persona que más he amado en toda mi vida, desde que te conocí supiste robar mi corazón, jamás he querido alejarme de ti, pero fuiste tú quien me impulsó hacerlo.
Sé que mi amor siempre fue correspondido, es por eso que en mí no existió el miedo a amar sin medida, pero ahora si tengo miedo. Miedo a dejar de ver a mis padres, a mis amigos, miedo a dejar de reír, cantar, soñar, respirar, existir , a dejar de amar. Tengo miedo que este sea el fin de todo, que ya no pueda volver a verte, abrazarte, besarte, sentirte. Que nuestro amor culmine aquí y los recuerdos me atormenten a diario. Es por eso que si tú has decidido ponerle fin a todo esto de esa forma la aceptaré.
De todas formas no creo que seas capaz de matarme, porque desde hace mucho que ya lo estoy. Desde el tiempo que nos distanciamos todo ha perdido color y el tener que despertar es algo que preferiría no hacer sino es contigo. Me rehúso a llevar un tipo de vida así, porque el significado de muerte encajaría mejor con lo que estoy lidiando…

Pablo se quebrantó, en pocos segundos igualó o hasta superó las lágrimas de Camila. Parecía como si estuvieran exprimiendo a una nube a punto de llover.

Fue entonces que Pablo le explicó que ella no le había dejado terminar, que él tenía pensado decirle que la mataría pero sería en su memoria, y fue entonces que sacó un diario el cual ella veía por primera vez. Al abrirlo diviso que la primera hoja escrita empezaba un 23 de enero, día que se conocieron y a partir de allí todos los escritos fueron referentes a ella. Algunas fechas resaltaban como el 2 de febrero que fue  su primera cita, el 15 de marzo que aceptó ser su enamorada, entre otras. Camila buscó abrazar a Pablo y este se dejó, buscó sus labios y los encontró, no había espacio para más palabras, dos cuerpos ya conocidos hacían lo que mejor sabían, amarse. Cuando el beso termino luego de Dios sabe cuanto, ambos se miraron nuevamente, los ojos de Pablo volvían a ser los mismos, sabía que de esa forma lo recordaría por siempre. Se levantó y decidió que era tiempo de marcharse.

16 comentarios:

  1. La parte que Pablo habla es con la que más me identifico, tocaste mi corazón, bien ahí xD

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  2. Es una historia que me encanto mucho, los sentimientos expresados por pablo me conmovió =) .El final es inesperado me fascino =)!!

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  3. Para las personas a quienes causó cierta incomodidad el tamaño del texto, prometo que el próximo será más corto.

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  4. Excelente historia, lleno de sentimientos tan fuertes; muy buena!!! xD hasta se me hizo un nudo en garganta =/

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  5. remembers... resucitaste sentimientos q estaban guardados... jummmmm!!!

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  6. no impoRTa cuanTo sean los parraFos.. el contenido es lo que llega al sentimiento.. ^^ jeje.. esta boniiToo miTron.. ^^ sigue con tus historias inspiradas x el cole o academia.. jejeje.. me gusta me gustaa

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  7. ^^ bastante profundo, pablo era pues una persona llena de sentimientos, cuando se desplayo me senti camila. csm...

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  8. Si amio muy linda tu historia =) esqribes super xvr

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  9. D: mee deepriimoo! está demasiado buena la historia ;) la haces Paul!
    (no me presiones)

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  10. Bien ahí broder...! que gusto mucho pero me gusto mas que estés agarrando interés a escribir y tengas el valor de publicarlo, felicitaciones! mis respetos. se que el siguiente sera mejor

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  11. aaaaaaaaaaasu k xvre sta la historia!! buuuuuu!! como la distancia puede matar un gran amor, no?? k trist!!! pro t lucist paul!! =) felicidates!!!! ... i desd cuando t gusta scribir????

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  12. esas cosas pasan amio...cualquier parecido a la realidad es pura coincidencia!
    muy bueno amigo, sigue así!

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  13. Ya lo lei, perfecto en descripción, bien narrado, pero tienes razón falta oxigenar el texto :D me gusto mucho besos!! jajaja

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  14. manito!!! me gusta mucho tu blog aunque sea coincidencia con la realidad...te felicito;)!.... quiero otrooooo!!:)

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